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Córdoba, Ver.– Con música, gastronomía y una verbena popular programada para el próximo 26 de junio en el parque 21 de Mayo, el Ayuntamiento de Córdoba celebrará el tercer aniversario del nombramiento de la ciudad como Pueblo Mágico. Sin embargo, detrás de los festejos surge una pregunta inevitable: ¿por qué se omite reconocer a quienes encabezaron el trabajo que permitió obtener esta importante distinción?

El nombramiento de Córdoba como Pueblo Mágico fue otorgado en 2023 por la Secretaría de Turismo federal, tras un proceso de evaluación que exigió demostrar riqueza histórica, cultural, turística y la participación de diversos sectores de la sociedad. Un logro que no llegó por casualidad ni por decreto, sino como resultado de meses de gestión, integración de expedientes y promoción institucional.

En ese contexto, destaca el papel desempeñado por la entonces titular de Turismo Municipal, Valeria Pitalúa Yunes, quien encabezó los trabajos técnicos y administrativos que permitieron a Córdoba alcanzar el distintivo federal. Su labor fue reconocida públicamente en su momento, incluso por el propio alcalde, quien llegó a declarar en entrevistas que la funcionaria continuaría al frente del área de Turismo durante la siguiente etapa de consolidación del proyecto.

No obstante, la realidad fue distinta. Pese a los compromisos expresados públicamente, Pitalúa Yunes no permaneció en el cargo, quedando fuera de la administración sin una explicación clara para la ciudadanía. Hoy, cuando se celebran los frutos de aquel esfuerzo, su nombre parece haber sido borrado de la narrativa oficial.

La verbena organizada por el Ayuntamiento busca resaltar la identidad cultural de Córdoba y recordar el significado de pertenecer al programa nacional de Pueblos Mágicos, que actualmente integra a 177 municipios del país. Sin embargo, para muchos ciudadanos, la conmemoración también debería servir para reconocer a quienes impulsaron el proyecto desde sus inicios y evitar que los logros institucionales se conviertan únicamente en herramientas de promoción política.

Porque si bien los gobiernos son temporales, los resultados suelen ser producto del trabajo de servidores públicos, especialistas y ciudadanos que pocas veces reciben el crédito que merecen. Celebrar tres años como Pueblo Mágico implica también hacer memoria y reconocer que detrás de cada distintivo existe un esfuerzo colectivo que no debería quedar sepultado por los cambios administrativos o las conveniencias del momento.

Mientras el Ayuntamiento prepara los festejos, queda pendiente una asignatura básica en materia de reconocimiento institucional: dar a cada quien el mérito que le corresponde.

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