UNA MIRADA CIUDADANA ENTRE EL DISCURSO PÚBLICO Y LA REALIDAD COTIDIANA

Por: Arturo Pimentel Báez

Para quienes han cuestionado ¿quién es la tijera?, la columna La Tijera… Sastre a la medida nace como un ejercicio de contraste entre el discurso público y la realidad cotidiana. La Tijera no pretende ser un tribunal del poder. Su propósito es observar, desde la mirada ciudadana, el contraste, la reflexión y el diálogo frente al desempeño de quienes administran los bienes públicos y frente a las condiciones reales en las que viven miles de personas.

Más allá de los informes oficiales, los comunicados institucionales y las narrativas construidas desde el poder, existe una evaluación mucho más directa: la que ocurre en la calle. Es ahí donde el ciudadano construye su propia lectura del gobierno: las condiciones en que se encuentran las vialidades, el funcionamiento del alumbrado público, la calidad de los servicios públicos, el agua, la recolección de basura, la seguridad pública del entorno, la infraestructura que se construye, los bienes que se adquieren, la atención de la salud, las condiciones de las escuelas y las oportunidades para ganarse la vida.

LA CALLE: UN CONFESIONARIO SOCIAL

La calle es, en muchos sentidos, un confesionario social. Habla el taxista; quien atiende la tortillería, la verdulería o la carnicería; el conductor del transporte público; el aseador de calzado; el mesero; el comerciante; el trabajador; el paciente que acude al sector salud; el vendedor ambulante; el padre o la madre de familia que revisa la tarea escolar; el profesor frente al aula y, entre otros, también el llamado político de café, que desde su mesa interpreta la realidad y participa, a su manera, en la conversación pública.

Son voces distintas, con historias diferentes, pero frecuentemente coinciden en preocupaciones concretas: seguridad, empleo, economía familiar, servicios públicos, infraestructura y la necesidad de que las decisiones gubernamentales se traduzcan en beneficios perceptibles para la población.

AQUÍ APARECE UNA REFERENCIA CLÁSICA QUE CONSERVA VIGENCIA

Aristóteles definió al ser humano como un “animal político” (zoon politikon), porque su realización ocurre en comunidad y en la pólis, la ciudad-Estado. Para el filósofo griego, la ciudadanía no consistía únicamente en habitar una ciudad, sino en participar en sus asuntos públicos. En Política, Aristóteles reflexiona sobre el ciudadano como aquel que participa en las funciones deliberativas y judiciales de la comunidad.

De ahí deriva también una idea fundamental: el ciudadano libre debe aprender a gobernar y a ser gobernado dentro de las leyes de la comunidad. Aquella reflexión, desarrollada en el siglo IV a. C., permite recordar que conceptos como Democracia, Libertad, Igualdad, Justicia, Gobierno, Estado y República no son palabras vacías. Son construcciones políticas e históricas que adquieren sentido cuando el ciudadano participa y asume responsabilidades frente a la comunidad.

Por eso, escuchar las voces de la calle no significa recurrir únicamente a la opinión espontánea. Significa reconocer que la vida pública también se construye desde abajo, desde quienes experimentan diariamente las consecuencias de las decisiones gubernamentales.

ENTRE LA CALLE Y LAS REDES

En contraste, una parte importante del debate público se ha trasladado a las redes sociales. Allí, el intercambio de ideas puede convertirse con facilidad en confrontación, descalificación y polarización. Las consignas sustituyen a los argumentos; las etiquetas, a la reflexión; y el ataque personal, al debate de las ideas. Incluso las diferencias políticas pueden terminar dividiendo a familiares y amigos. Las redes amplifican las voces más estridentes, pero el volumen de una opinión no necesariamente determina su representatividad. Por ello, La Tijera pretende volver a lo esencial: observar los hechos, escuchar las voces y formular preguntas.

La pregunta de fondo es sencilla:

¿QUÉ ESPERA REALMENTE LA CIUDADANÍA DE QUIENES ASUMEN LA RESPONSABILIDAD DE GOBERNAR?

Las respuestas no están únicamente en los discursos; se encuentran en la experiencia diaria. En un ayuntamiento, los administradores públicos tienen la responsabilidad de gestionar, ejecutar, supervisar y evaluar recursos, servicios y políticas públicas municipales. No se trata solamente de una persona o de un cargo, sino de un conjunto de funcionarios con responsabilidades diferenciadas.

Son ellos quienes deben convertir las decisiones de gobierno en acciones concretas y resultados verificables. Y existe una razón adicional para exigir responsabilidad: buena parte de los recursos públicos proviene de las contribuciones de los ciudadanos, quienes aportan mediante impuestos y derechos derivados de su actividad económica cotidiana. Por eso, esta columna no pretende quedarse en el personaje; le interesa el desempeño. No busca juzgar a una persona por su filiación, su ideología o su pertenencia política, sino observar sus decisiones, sus acciones, sus omisiones y sus efectos en la vida pública.

DESDE DÓNDE ESCRIBO

Quien escribe se considera profesional de la educación, humanista, ciudadano de letras y libre pensador. No me identifico con etiquetas que pretendan reducir el pensamiento a categorías cómodas o convertir la crítica en una clasificación política. No escribo desde la condición de fifí, tecnócrata, conservador, neoliberal, reaccionario, clasista, racista, aspiracionista ni desde ninguna otra etiqueta utilizada para descalificar al interlocutor antes de escuchar sus argumentos. Tampoco pretendo hablar desde una supuesta superioridad moral.

Me asumo como observador activo, liberal, crítico y analítico, formado en una ciudad que no solamente habito, sino que también me ha construido académica, cultural y éticamente.

Desde mi labor educativa he procurado servir con responsabilidad y conciencia. De ahí nace mi interés por mirar la realidad social no como espectador distante, sino como ciudadano que forma parte de ella. Mi compromiso no es con una persona, un partido o un grupo de poder.

ES CON LA PREGUNTA

Preguntar por qué sucede algo, preguntar quién decidió, preguntar cómo se utilizaron los recursos, preguntar qué resultados existen. Preguntar qué falta por hacer, preguntar, incluso, cuando la respuesta incomoda.

(Leer: https://periodistasmultimedios.com.mx/2026/09/22/cordoba-cuando-no-contestar-tambien-es-una-respuesta-por-arturo-pimentel-baez)

HUMANISMO COMO PRAXIS

Entiendo el humanismo no solamente como una corriente de pensamiento, sino como una forma de praxis: acción y reflexión frente al mundo que nos rodea. Pensar la realidad y actuar sobre ella; observarla, cuestionarla y, cuando sea posible, contribuir a transformarla. Desde esa perspectiva, el pensamiento crítico no constituye un ejercicio de oposición permanente ni una actitud de negación; es una herramienta para comprender.

Criticar también significa distinguir, comparar, verificar, argumentar y reconocer cuando los hechos contradicen nuestras propias ideas. Ese “principio” será fundamental en La Tijera. No se pretende tener siempre la verdad; se pretende buscarla. La realidad social es compleja y ninguna mirada posee por sí sola todas las respuestas. Por eso, esta columna no pretende cerrar el diálogo, sino abrirlo.

LAS HERRAMIENTAS DE LA TIJERA

La columna recurrirá a las ideas como representaciones mentales construidas mediante el razonamiento, la observación, la experiencia, la imaginación y el conocimiento de los demás. El pensamiento lógico permitirá ordenar datos y establecer conclusiones sustentadas. El pensamiento creativo ayudará a explorar alternativas y soluciones. El pensamiento abstracto permitirá analizar conceptos que no siempre tienen una expresión material inmediata.

Y el pensamiento deliberativo permitirá confrontar opciones, consecuencias y valores antes de formular un juicio. Todo ello conduce hacia tres campos fundamentales de la reflexión filosófica: Gnoseología, para preguntarnos cómo conocemos aquello que afirmamos conocer; Ontología, para interrogarnos sobre la realidad que pretendemos comprender; y Axiología, para reconocer los valores desde los cuales juzgamos nuestras decisiones y nuestra vida colectiva.

NO SERÁ UNA TAREA SENCILLA, NINGÚN ANÁLISIS SERIO DEBERÍA SERLO

La realidad social es demasiado compleja para reducirla a una sola explicación. Por eso, la posibilidad de equivocarse debe formar parte también del ejercicio intelectual. Escuchar al otro no significa renunciar a las propias convicciones; significa aceptar que otra mirada puede aportar elementos que no habíamos considerado.

LA TIJERA: CORTAR PARA COMPRENDER

La Tijera corta, pero también separa lo aparente de lo sustancial; corta el discurso para mirar debajo de él; corta la propaganda para encontrar el hecho; corta la etiqueta para descubrir a la persona; corta la costumbre para formular una pregunta. Y, sobre todo, pretende cortar la indiferencia.

Porque una sociedad democrática no se construye únicamente cuando los ciudadanos votan; también se construye cuando observan, preguntan, participan, contrastan información y exigen cuentas. La crítica ciudadana no debe confundirse con enemistad hacia el gobierno. Puede ser una forma de participación democrática, de vigilancia social y de responsabilidad cívica.

La Tijera… Sastre a la medida será, por ello, una mirada ciudadana sobre el poder, la sociedad y la vida cotidiana. Una columna para preguntar antes que afirmar; para contrastar antes que condenar; para escuchar antes que etiquetar.

NO PRETENDE DICTAR VERDADES, PRETENDE PONERLAS SOBRE LA MESA PARA DISCUTIRLAS

Porque en democracia nadie posee el monopolio de la verdad, y porque en el diálogo entre distintas miradas también se aprende una de las lecciones fundamentales del humanismo: EDUCAR Y SER EDUCADOS.

E-mail: pibe91arturopimentel@gmail.com
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