Por César A. Vázquez Lince
La bursatilización terminó.
Después de 18 años, 199 municipios veracruzanos dejarán de ver mutiladas sus participaciones federales para pagar una deuda que parecía diseñada para no acabarse nunca.
La noticia es buena.
Lo que no es bueno es que el Gobierno de Veracruz y sus medios afines intenten convertir una decisión financiera conveniente en un milagro administrativo, y a la gobernadora Rocío Nahle en una especie de Moisés tropical que abrió las aguas del fideicomiso y encontró, flotando entre las cuentas, más de mil millones de pesos que nadie había visto.
Porque eso es lo que nos quieren hacer creer.
La versión oficial dice que la gobernadora revisó el fideicomiso, encontró mil 85 millones de pesos olvidados, puso otros 500 millones y liquidó una deuda que habría costado otros 2 mil 266 millones hasta 2036.
Entonces vinieron las fotografías.
Los alcaldes reunidos en Palacio de Gobierno.
Los aplausos.
Las frases históricas.
“Ya no deben nada”.
Y después aparecieron las columnas de los medios aliados, listas para explicar que lo ocurrido era resultado de la visión, el carácter, la voluntad política y la extraordinaria ingeniería financiera de la mandataria.
Solo faltó decir que Rocío Nahle multiplicó los panes y los peces.
La realidad es menos milagrosa.
El dinero no apareció de la nada.
Los mil 85 millones de pesos ya estaban dentro del fideicomiso. Eran recursos acumulados en cuentas de participaciones, soporte y reserva vinculadas al propio esquema de bursatilización.
No eran recursos creados por el Gobierno.
No eran dinero recuperado de un exfuncionario.
No eran ingresos extraordinarios obtenidos por una nueva política económica.
Era dinero público que ya estaba ahí.
La gobernadora no encontró un tesoro.
Encontró una cuenta bancaria.
Y después utilizó esos recursos, junto con cerca de 500 millones de pesos adicionales del Gobierno estatal, para liquidar la obligación.
La deuda no desapareció.
La deuda se pagó.
Esta diferencia parece elemental, pero es precisamente la que el discurso oficial intenta borrar.
George Orwell decía que el lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras parezcan verdades y que el asesinato parezca respetable.
En Veracruz no se llegó tan lejos, pero sí se utiliza el lenguaje para transformar una liquidación financiera en una epopeya.
No se dice que se utilizaron reservas del fideicomiso.
Se dice que se “recuperaron” recursos.
No se explica que el Estado desembolsó cerca de mil 585 millones de pesos.
Se presume que los municipios “ya no deben nada”.
No se reconoce que el dinero salió del propio esquema y del presupuesto público.
Se habla de un ahorro de 2 mil 266 millones.
Y ahí aparece otra trampa.
El Gobierno asegura que se evitarán pagos futuros por 2 mil 266 millones de pesos.
Puede ser cierto.
Esa era la cantidad proyectada hasta 2036 si el contrato continuaba.
Pero para evitar esos pagos tuvieron que utilizarse ahora alrededor de mil 585 millones.
Por tanto, los 2 mil 266 millones no pueden presentarse completos como ahorro.
A una cantidad habría que restarle la otra.
La diferencia nominal ronda los 681 millones de pesos.
Y todavía faltarían por conocerse las comisiones, los costos de liquidación, el valor presente de los pagos futuros, el rendimiento de las reservas y el origen presupuestal exacto de la aportación estatal.
No es una discusión partidista.
Es una resta.
Pero parece que en el Gobierno de Veracruz también quieren transformar la aritmética en propaganda.
La operación puede haber sido conveniente.
Probablemente lo fue.
El problema es que una buena decisión no satisface a un Gobierno obsesionado con el aplauso.
Necesita presentarla como una hazaña personal.
Durante años, la bursatilización involucró a instituciones financieras, cabildos, autoridades hacendarias, fiduciarios, técnicos, abogados y funcionarios de distintos niveles.
Pero toda esa complejidad desaparece en la narrativa.
Ahora parece que Rocío Nahle abrió un cajón, encontró mil millones de pesos y salvó a los municipios.
La propaganda necesita un héroe.
Y para construirlo necesita borrar a todos los demás.
Maquiavelo escribió que los hombres juzgan más por los ojos que por las manos, porque todos pueden ver lo que parece, pero pocos comprenden lo que realmente es.
En Palacio de Gobierno entendieron perfectamente la lección.
Lo importante fue la fotografía.
La gobernadora al centro.
Los alcaldes alrededor.
El anuncio solemne.
La frase redonda.
Y después, una red de medios dispuesta a repetir que en 18 años nadie se atrevió a hacer lo que ella hizo.
Pero hay una pregunta que debería resultar más importante que la ceremonia.
¿Cómo es posible que existieran mil 85 millones de pesos dentro del fideicomiso y que los municipios no tuvieran conocimiento claro de ellos?
¿Quién administraba esas cuentas?
¿Qué rendimientos generaron?
¿Por qué permanecieron inmovilizados?
¿Por qué continuaron las retenciones durante años?
¿Existieron cobros excesivos?
¿Habrá responsabilidades?
¿Se realizará una auditoría?
Ninguna de estas preguntas aparece en el discurso triunfalista.
Es más cómodo celebrar el descubrimiento que explicar por qué el dinero estuvo ahí durante tanto tiempo.
También resulta curioso que algunas columnas supuestamente dedicadas a explicar la liquidación terminen hablando de Felipe Calderón, de Movimiento Ciudadano, de la derecha y hasta de la refinería de Dos Bocas.
¿Qué tiene que ver Felipe Calderón con el fideicomiso municipal de Veracruz?
Nada.
¿Qué tiene que ver Dos Bocas con las participaciones retenidas a los ayuntamientos?
Nada.
Pero la propaganda necesita enemigos tanto como necesita héroes.
Cuando los números comienzan a incomodar, se introduce la confrontación política.
Ya no se discute si los 2 mil 266 millones son realmente ahorro neto.
Ahora hay que decidir si se está con Rocío Nahle o con Felipe Calderón.
Ya no se pregunta por qué había más de mil millones inmovilizados.
Ahora quien pregunta es parte de una campaña contra la gobernadora.
Es el truco más antiguo del poder.
O aplaudes.
O eres enemigo.
Hannah Arendt explicó que el propósito de la propaganda no siempre es lograr que todos crean una mentira, sino conseguir que nadie pueda distinguir con claridad entre la verdad y la ficción.
Eso es lo que ocurre cuando un boletín gubernamental, una columna política y una conferencia oficial repiten exactamente las mismas frases.
La bursatilización fue un mal negocio para Veracruz.
Liquidarla fue una decisión correcta.
Liberar las participaciones municipales puede ayudar a los ayuntamientos.
Todo eso debe reconocerse.
Pero reconocer una buena decisión no significa aceptar una mentira.
Rocío Nahle no creó mil 85 millones de pesos.
El dinero ya estaba dentro del fideicomiso.
La deuda no fue perdonada.
Fue pagada con recursos públicos.
Y los 2 mil 266 millones que ya no se desembolsarán no representan, por sí solos, el ahorro real de la operación.
La gobernadora puede presumir la liquidación.
Lo que no puede hacer es pretender que los veracruzanos olvidemos sumar.
Porque la deuda ya fue pagada.
Ahora quieren que también paguemos la propaganda.
Rocío Nahle Gobierno del Estado de VeracruzMorena Sí Ricardo Ahued Bardahuil @seguidores #Veracruz #XalapaPor César A. Vázquez Lince
La bursatilización terminó.
Después de 18 años, 199 municipios veracruzanos dejarán de ver mutiladas sus participaciones federales para pagar una deuda que parecía diseñada para no acabarse nunca.
La noticia es buena.
Lo que no es bueno es que el Gobierno de Veracruz y sus medios afines intenten convertir una decisión financiera conveniente en un milagro administrativo, y a la gobernadora Rocío Nahle en una especie de Moisés tropical que abrió las aguas del fideicomiso y encontró, flotando entre las cuentas, más de mil millones de pesos que nadie había visto.
Porque eso es lo que nos quieren hacer creer.
La versión oficial dice que la gobernadora revisó el fideicomiso, encontró mil 85 millones de pesos olvidados, puso otros 500 millones y liquidó una deuda que habría costado otros 2 mil 266 millones hasta 2036.
Entonces vinieron las fotografías.
Los alcaldes reunidos en Palacio de Gobierno.
Los aplausos.
Las frases históricas.
“Ya no deben nada”.
Y después aparecieron las columnas de los medios aliados, listas para explicar que lo ocurrido era resultado de la visión, el carácter, la voluntad política y la extraordinaria ingeniería financiera de la mandataria.
Solo faltó decir que Rocío Nahle multiplicó los panes y los peces.
La realidad es menos milagrosa.
El dinero no apareció de la nada.
Los mil 85 millones de pesos ya estaban dentro del fideicomiso. Eran recursos acumulados en cuentas de participaciones, soporte y reserva vinculadas al propio esquema de bursatilización.
No eran recursos creados por el Gobierno.
No eran dinero recuperado de un exfuncionario.
No eran ingresos extraordinarios obtenidos por una nueva política económica.
Era dinero público que ya estaba ahí.
La gobernadora no encontró un tesoro.
Encontró una cuenta bancaria.
Y después utilizó esos recursos, junto con cerca de 500 millones de pesos adicionales del Gobierno estatal, para liquidar la obligación.
La deuda no desapareció.
La deuda se pagó.
Esta diferencia parece elemental, pero es precisamente la que el discurso oficial intenta borrar.
George Orwell decía que el lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras parezcan verdades y que el asesinato parezca respetable.
En Veracruz no se llegó tan lejos, pero sí se utiliza el lenguaje para transformar una liquidación financiera en una epopeya.
No se dice que se utilizaron reservas del fideicomiso.
Se dice que se “recuperaron” recursos.
No se explica que el Estado desembolsó cerca de mil 585 millones de pesos.
Se presume que los municipios “ya no deben nada”.
No se reconoce que el dinero salió del propio esquema y del presupuesto público.
Se habla de un ahorro de 2 mil 266 millones.
Y ahí aparece otra trampa.
El Gobierno asegura que se evitarán pagos futuros por 2 mil 266 millones de pesos.
Puede ser cierto.
Esa era la cantidad proyectada hasta 2036 si el contrato continuaba.
Pero para evitar esos pagos tuvieron que utilizarse ahora alrededor de mil 585 millones.
Por tanto, los 2 mil 266 millones no pueden presentarse completos como ahorro.
A una cantidad habría que restarle la otra.
La diferencia nominal ronda los 681 millones de pesos.
Y todavía faltarían por conocerse las comisiones, los costos de liquidación, el valor presente de los pagos futuros, el rendimiento de las reservas y el origen presupuestal exacto de la aportación estatal.
No es una discusión partidista.
Es una resta.
Pero parece que en el Gobierno de Veracruz también quieren transformar la aritmética en propaganda.
La operación puede haber sido conveniente.
Probablemente lo fue.
El problema es que una buena decisión no satisface a un Gobierno obsesionado con el aplauso.
Necesita presentarla como una hazaña personal.
Durante años, la bursatilización involucró a instituciones financieras, cabildos, autoridades hacendarias, fiduciarios, técnicos, abogados y funcionarios de distintos niveles.
Pero toda esa complejidad desaparece en la narrativa.
Ahora parece que Rocío Nahle abrió un cajón, encontró mil millones de pesos y salvó a los municipios.
La propaganda necesita un héroe.
Y para construirlo necesita borrar a todos los demás.
Maquiavelo escribió que los hombres juzgan más por los ojos que por las manos, porque todos pueden ver lo que parece, pero pocos comprenden lo que realmente es.
En Palacio de Gobierno entendieron perfectamente la lección.
Lo importante fue la fotografía.
La gobernadora al centro.
Los alcaldes alrededor.
El anuncio solemne.
La frase redonda.
Y después, una red de medios dispuesta a repetir que en 18 años nadie se atrevió a hacer lo que ella hizo.
Pero hay una pregunta que debería resultar más importante que la ceremonia.
¿Cómo es posible que existieran mil 85 millones de pesos dentro del fideicomiso y que los municipios no tuvieran conocimiento claro de ellos?
¿Quién administraba esas cuentas?
¿Qué rendimientos generaron?
¿Por qué permanecieron inmovilizados?
¿Por qué continuaron las retenciones durante años?
¿Existieron cobros excesivos?
¿Habrá responsabilidades?
¿Se realizará una auditoría?
Ninguna de estas preguntas aparece en el discurso triunfalista.
Es más cómodo celebrar el descubrimiento que explicar por qué el dinero estuvo ahí durante tanto tiempo.
También resulta curioso que algunas columnas supuestamente dedicadas a explicar la liquidación terminen hablando de Felipe Calderón, de Movimiento Ciudadano, de la derecha y hasta de la refinería de Dos Bocas.
¿Qué tiene que ver Felipe Calderón con el fideicomiso municipal de Veracruz?
Nada.
¿Qué tiene que ver Dos Bocas con las participaciones retenidas a los ayuntamientos?
Nada.
Pero la propaganda necesita enemigos tanto como necesita héroes.
Cuando los números comienzan a incomodar, se introduce la confrontación política.
Ya no se discute si los 2 mil 266 millones son realmente ahorro neto.
Ahora hay que decidir si se está con Rocío Nahle o con Felipe Calderón.
Ya no se pregunta por qué había más de mil millones inmovilizados.
Ahora quien pregunta es parte de una campaña contra la gobernadora.
Es el truco más antiguo del poder.
O aplaudes.
O eres enemigo.
Hannah Arendt explicó que el propósito de la propaganda no siempre es lograr que todos crean una mentira, sino conseguir que nadie pueda distinguir con claridad entre la verdad y la ficción.
Eso es lo que ocurre cuando un boletín gubernamental, una columna política y una conferencia oficial repiten exactamente las mismas frases.
La bursatilización fue un mal negocio para Veracruz.
Liquidarla fue una decisión correcta.
Liberar las participaciones municipales puede ayudar a los ayuntamientos.
Todo eso debe reconocerse.
Pero reconocer una buena decisión no significa aceptar una mentira.
Rocío Nahle no creó mil 85 millones de pesos.
El dinero ya estaba dentro del fideicomiso.
La deuda no fue perdonada.
Fue pagada con recursos públicos.
Y los 2 mil 266 millones que ya no se desembolsarán no representan, por sí solos, el ahorro real de la operación.
La gobernadora puede presumir la liquidación.
Lo que no puede hacer es pretender que los veracruzanos olvidemos sumar.
Porque la deuda ya fue pagada.
Ahora quieren que también paguemos la propaganda.
Rocío Nahle Gobierno del Estado de VeracruzMorena Sí Ricardo Ahued Bardahuil @seguidores #Veracruz #Xalapa

EL LINCE: EL MILAGRO FINANCIERO DE ROCÍO NAHLE
Por César A. Vázquez Lince La bursatilización terminó. Después de 18 años, 199 municipios veracruzanos dejarán de ver mutiladas sus participaciones federales para pagar una deuda que parecía diseñada para no acabarse nunca. La noticia es buena. Lo que no es bueno es que el Gobierno de Veracruz y sus medios afines intenten convertir una…
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