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Fuera de Foco

La agresión de género de Marín Franco

 

Por:  

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La política veracruzana ha cruzado un terreno pantanoso, en el cual, cada día se hunde más. La misoginia y violencia de género entre los servidores públicos masculinos, es una tendencia “normal” dentro de las dependencias públicas. Se puede hasta asegurar, que todas las mujeres del país, de una u otra manera, han sido víctimas de una situación de hostigamiento, discriminación, violencia física y psicológica por el simple hecho de ser mujer.

Yo no soy la excepción, tu mujer, tampoco. Pero aquí lo importante de este problema que nos asfixia y molesta, es determinar hasta qué grado las mismas mujeres somos capaces de soportar una repugnante situación propiciada por un sujeto que desequilibra el entorno a nuestro género, por el simple hecho de sentirse superior, por el simple hecho de ser “hombre” y que derivado de ello, ejecute acciones dolosas en contra del sexo opuesto.

Jamás he comprendido las conmemoraciones de todo aquello que nos lastima como individuos y que transgrede los derechos humanos. Aunque el festejo del 8 de marzo como el día intencional de la mujer, es una rememoración que data de 1908 y es celebrada en varios países del mundo como parte de la lucha de las mujeres textiles, que protestaron en Nueva York exigiendo la reducción de la jornada laboral, mejores salarios y derechos de voto. Podemos advertir que aunque en la actualidad las mujeres han logrado trascender en muchos espacios que antiguamente eran considerados para los hombres, aún la misoginia y machismo sigue prevaleciente en la propia cultura y mentalidad de los hombres, impulsada por la preservación de las costumbres y tradiciones, que tristemente en muchas ocasiones, son cultivadas por las mismas mujeres.

Los partidos políticos de todos los colores y corrientes, no son la excepción. Aún les cuesta trabajo aceptar y reconocer en su totalidad la labor de las mujeres dentro de los espacios públicos. Ejemplos hay miles, pero el que impulsó el actual secretario de Desarrollo Social, José Rodrigo Marín Franco en contra de la diputada federal, Rocío Nahle García, es notoriamente un ejemplo vital para referirnos a la violencia irracional en la que se permea y se ha distinguido notoriamente el gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares.

Marin Franco, quien por primera vez en su vida logra trascender en la política con un puesto de importancia en el gobierno, debuta inadecuadamente tomando una postura realmente dolosa pero muy común en algunos en el gobierno del “cambio” en contra de las mujeres.

Puedo advertir, que pese a que muchas mujeres han “trascendido” en puestos de importancia en el actual gobierno, se puede percibir el ambiente nocivo y misógino en la que tienen que desarrollarse en los espacios públicos, donde lograron colocarse exitosamente. La forma agresiva y violenta con la que se refirió el titular de la SEDESOL a la legisladora es pueril pero a su vez, es un espejo fidedigno del reflejo de una mentalidad machista y sin respeto al género. La violencia es violencia, aun cuando se provengan de personas que creyendo que tener el poder se traduce en pisotear a sus semejantes, principalmente si son mujeres, es un tema de suma relevancia para la sociedad en general.

En el preámbulo de la celebración Internacional de las Mujeres, el servidor público del yunismo quiso trascender sintiéndose el gobernador del estado por cinco minutos. Su lenguaje corporal, su actitud, su patética manera de discernir sobre cómo usan los programas de la Sedesol para distribuirlas entre las clases marginadas, nos da una pauta sobre la nula capacidad al cargo, sobre su pésima congruencia política y también sobre sus pobres recursos intelectuales para defenderse de los señalamientos de sus adversarios políticos; pero sobre todo, el poco respeto que mantiene hacia las mujeres.

Hasta el día de hoy no escuchado de parte del funcionario una disculpa pública. Conociendo su prepotencia y la misoginia que le invade, no lo hará. En este momento se siente y se piensa en los cuernos de la luna y es entendible de alguien que jamás se ha distinguido realmente por trascender por capacidad propia y sólo navega con el manto que el yunismo le ampara. Desconoce –como muchos, aunque debo reconocer que mantiene este gobierno servidores públicos de honorabilidad comprobada- que es confiar sus logros por sus capacidades intelectuales, pues solo es un alfil más de este gobierno del cambio.

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