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“La Ópera de a Barrio”

El cabaret, como reflejo social y crítica de los despropósitos en todos sentidos, donde el humor juega un papel preponderante, empieza a ganar cada vez más espacios en México. Un ejemplo significativo es el trabajo de este grupo de jóvenes actrices y actores, cantantes y músicos, que enfila sus dardos hacia la corrupción.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- No es la Ópera de tres centavos, de Bertoldt Brecht, ni en la que se inspiró éste, La ópera de los tres mendigos, del inglés John Gay (siglo XVIII), sino una versión, “no traducción idiomática, sino traslación a lo mexicano” que se llama La Ópera de a Barrio, crítica cabaretera y que remite al pachuco tepiteño de los años 50, pero de una actualidad absoluta en cuanto reflejo de la desgracia social.
Es un espectáculo de tragicomedia musical que desnuda la peor condición humana, la de la pobreza espiritual, a través de una trama de corrupción en los bajos fondos.
Erando González, actor, pero también músico como Armando López, se juntó con éste para arreglar en la escena una obra donde el humor permite el respiro que la desesperanza del trasfondo cancela. López hizo los arreglos a partir de música compuesta por Kurt Weil para la pieza de Brecht y ahí nació todo. Bernardo Velasco, discípulo destacado de Erando (quien realizó la historia y compuso las canciones), fue llamado a dirigir, y también es el protagonista masculino.
Se armó el grupo musical: Adolfo Silva, piano; Itzám Pacheco y Juan López, sax y flauta; Severo Viñas y Horacio Huertas, bajo; Oliver Ochoa y Miguel Haller, percusiones; Armando López, batería.
Encargaron la escenografía a Javier Vargas y la coreografía a Alexis Zanetti.
Y vinieron los castings, donde el director eligió a tres jóvenes actrices de sorprendente versatilidad: Sandra Arcos, Maite Suárez y Marissa Saavedra.
La obra se estrenó hace un año en el Festival Viva Vivaldi. Desde mayo se presenta en el Teatro Helénico. El mes pasado lo invitó el Teatro Blanquito de la Secretaría de Cultura del D.F. al Jardín Hidalgo de Coyoacán, y el entrante irá probablemente a El Galeón, e iniciará luego gira por varias ciudades del país y, ¿por qué no?, dice el equipo, por otros países.
Graduado de percusionista en la Escuela Nacional de Música y ligado al teatro de manera permanente (fue asesor musical en el Carro de Comedias de la UNAM), López es el productor de La Ópera de a Barrio:
“Estas gentes pisan el terreno de lo más bajo que hay en la humanidad. En la obra no hay esperanza para ninguno de los personajes. No tiene futuro ni la chica que quiere casarse, ni para alguien que quiere irse por un camino honrado. Discutimos mucho el final, pensábamos terminarlo muy abajo. Pero no tuvimos los argumentos dramáticos para que la gente saliera llorando.”
Es ahí donde entra el humor. Sandra Arcos, egresada de literatura dramática y teatro por la UNAM y quien representa dos papeles (casi simultáneamente, Julia y Yadira), es una artista completa en su calidad de actriz, bailarina y cantante de excelencia. Explica:
“Es una crítica a la explotación de los marginados, de los miserables. Así pasa en este país. Es para llorar, pero todos acaban riendo. El factor de la risa es lo que le permite a la gente transitar por toda la obra, así la recibe mejor. La gente está abierta, pero con el cuestionamiento se cierra. El público aquí está constantemente expuesto a confrontar los vicios de nuestra sociedad a través de la risa.”
Vital, emocionada, como en escena, enfoca su visión personal de la pieza como “una invitación a despertar de la manera como cada quién lo pueda hacer”.
Sandra, cuyo sueño es incursionar en el cine, remata:
“La canción final lo expresa, es una sacudida al espectador de la apatía en que vivimos.”
La canción dice: “¿Será que así será?, ¿por qué será?, y ¿hasta cuándo será?”.
Dice el director Bernardo Velasco, quien interpreta a Mike:
“Yo me quedo con esas tres preguntas. Creo que podemos hacer algo, lanzarlas. Preguntas que nos hacemos y que le hacemos a la gente. Es un intento por volver a preguntarnos: ¿Es real que estamos viviendo esto? Y si estamos hartos, ¿qué se puede hacer?”.
Refiere:
“Nos ha funcionado mucho el contacto desenfadado con el público, la jocosidad aplicada a esta tragicomedia en la cual transitamos en estos años.”
Por su parte, Maite Suárez Diez, egresada del Centro Universitario de Teatro (CUT) de la UNAM, se muestra satisfecha de que la gente “disfrute tanto la obra y de que a través de la risa y del humor podamos mostrar y criticar la situación de corrupción en nuestro país.”
La Ópera de a Barrio está los jueves en el Helénico.

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